El arbitraje en Colombia ha estado implicado en escándalos de diverso tipo desde hace 30 años. En este momento, las presiones y sobornos de índole homosexual son las que están manchando el referato del país con las versiones no comprobadas de acoso. Sin embargo, este es un episodio más de lo mal manejado que ha sido ese círculo desde hace mucho tiempo.
La ‘papaya se puso’ para los que quieren volver a tener el manejo del arbitraje colombiano.
El capítulo del presunto acoso homosexual de Óscar Julián Ruíz contra el ex árbitro Mario Sánchez, ha abierto más versiones no comprobadas que dicen que esta es una práctica recurrente en nuestro fútbol.
El que se atrevió a decir esto, es Álvaro González, presidente de la Difutbol y miembro del comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol. El directivo afirmó que “para ser árbitro en Colombia hay que ser homosexual”.
Esta versión fue desmentida por el presidente de la Federación, Luis Bedoya, quien dijo que eso no es cierto y que González habló a título personal.
Hay que advertir que González fue el hombre que manejó el arbitraje colombiano años atrás y a quien se le arrebató ese poder por los escándalos de corrupción que hubo en su momento.
Tras las declaraciones realizadas por González Álzate, el abogado Felipe Montoya Castro lo denunció penalmente.
La demanda del abogado Montoya Castro se hizo por hostigamiento, al considerar que este tipo de comentarios incitan a la discriminación contra la comunidad homosexual.
Retrovisor arbitral
Toda esta ‘mugre’ comenzó a salir a flote por allá en noviembre de 1988. El día primero del mes de las ánimas fue secuestrado el árbitro Armando Pérez. Estuvo retenido durante 20 horas y cuando volvió trajo un mensaje de advertencia. Pero este es un país donde los secuestros no sensibilizan, además del susto, no pasó nada. Salvo que muchos le echaron la culpa al secuestrado.
Llega el 15 de noviembre de 1989. Esa noche jugaron en el Atanasio el Medellín y el América. El árbitro fue el barranquillero Jesús Díaz y uno de los jueces de línea fue el bolivarense Álvaro Ortega, quien, esa misma noche fue asesinado. A raíz de esa muerte, Chucho Díaz dejó el arbitraje, el campeonato se canceló y hasta ahí llegó la cosa.
En noviembre de 2001, el juez Felipe Russi denunció que fue amenazado en Bogotá mientras entrenaba.
Diciembre de 2002. Álvaro González, presidente de Difútbol, saca a relucir una nueva novela arbitral, la operación Nasar. El cuento habla de jueces infiltrados (tipo CIA), sobornos programados para cazar incautos, jueces corruptos que no lo eran, un cuento raro en el que 18 árbitros aparecían sucios. Después, él mismo dijo que no eran 18 ni nueve. “El 95 por ciento de los árbitros está limpio”, dijo González. Nadie investigó. El Tribunal de Disciplina desestimó los cargos.
En noviembre de 2005, el soborno aparece de nuevo. Mencionan nombres: Mosquera, Buitrago, Vergara, Mejía, Marulanda; y equipos como América, Caldas, Nacional, Santa Fe y otros. La Comisión le pasó la pelota a la Dimayor, ésta a la Federación, que se la entregó al Tribunal y la Fiscalía.
En mayo de 2007 Jorge Hernán Hoyos pitó un penal inexistente en un juego y fue borrado del panel. Él dijo después que fue sacado por no haber participado en un reinado de árbitros en ese entonces y por no compartir ese pensamiento homosexual. No quiso dar más declaraciones a EL PERIÓDICO DEPORTIVO.


