Este evento sirvió para volver a ver el fútbol en familia, con los amigos, como una sana distracción. Los verdaderos fanáticos volvieron a los estadios.
El gran número de turistas y aficionados de otros países que supuestamente iban a venir al Mundial Sub-20 no se dio. Por ello, se pensó que la asistencia a los estadios no iba a ser la mejor.
Pero qué grata sorpresa se dio al ver los escenarios llenos, con la gente avivando por los diferentes equipos. Maravilloso ver las graderías de los estadios colmadas de público de todas las edades dispuestos a ver el mejor espectáculo del mundo.
Y lo mejor, aunque parezca extraño, es que en su mayoría eran y son asistentes, aficionados colombianos que asistieron a disfrutar el fútbol como plan familiar, como una fiesta para compartir con los demás.